Homo rapidus: La sociedad del click de @HadalisBella

Por: Valeria Arroyo

Desde que las redes sociales y el internet en general, comenzaron a tener relevancia casi vital en la vida de las personas, nuestros momentos, se adecuaron al ritmo inminente que lleva la comunicación actual. Ahora, pareciera que vivimos en instantes que duran 24 horas, después de esto, pasan a la historia, adquieren la vaguedad que caracteriza a las cosas viejas, a eso que a nadie le vuelve a importar una vez pasada la conmoción que provocó.

No las pasamos de actualización en actualización, nuestros días los resumimos en 140 caracteres, fragmentamos las relaciones en diversos videos de un minuto, en cientos y cientos de fotos congelando risas, abrazos, besos y viajes. Se mide la importancia de la persona por el número de seguidores que tiene. Y desde luego, se “reafirma” la existencia por medio de las selfies. Hoy nos sentimos “felices”, y al otro día estamos desgranando los sinsabores de las pasiones mal recibidas en Tumblr o en cualquier otra plataforma que nos permita vaciar la tristeza.

Ya no comprendemos al otro, no tratamos de analizar la situación para ser capaces de reflejarnos en nuestro semejante. Las ideas que no nos pertenecen nos resultan extrañas y difíciles de asimilar, devoramos con ansía rapaz la miseria ajena, y documentamos en video los ridículos de personas extrañas, cercanas e incluso de familiares, ¿a quién le importa el daño que se ocasiona emocionalmente si eso va acarrear likes, notas, y retweets? Acaso el ser humano empático, pasó a mejor historia, quizá sí.

La velocidad con la que nos movemos en este mundo que porta como emblema a la transitoriedad, está controlando cada aspecto de nuestra vida. La fugacidad y la síntesis en todo lo que hacemos son primordiales en los actos cotidianos en los que nos desenvolvemos. El tiempo, se ha abstraído a una definición discontinúa de la realidad.

Antes, había espacios muertos que se ocupaban en algún libro, en la apreciación de una obra arquitectónica o en la confortable plática entre amigos, sin embargo, la elección de hacer todo deprisa ha aumentado el hambre por engullir videos cortos que hagan partirse de la risa al espectador, por simplificar acciones tales como comer un buen guiso y demeritarlo a una sosa barrita integral, por dormir sin haber cerrado los ojos, ¿cómo es posible?, con diferentes bebidas energéticas que prometen estimular al sistema nervioso para provocar la sensación de alerta y “vivacidad”. Acabamos por transformar aquellos actos que por sí solos daban felicidad.

La identidad es nula si no cuentas con redes sociales que hagan legitima tu estadía en la tierra, y hay que saber, que no es algo reciente, la humanidad siempre ha estado limitada a los pasos que da la tecnología en la comunicación. La masificación de nuevos aparatos tecnológicos, como tabletas, computadoras portátiles, teléfonos inteligentes y otros dispositivos, cambiaron el paradigma de la comunicación.

Dichos dispositivos reformaron la manera de entablar conversaciones, de percibirnos a nosotros mismos, y de proyectarnos ante los demás. Nuestras comunicaciones interpersonales, han sustituidos los diálogos por la mensajería instantánea, es más fácil platicar por medio de textos breves y un sinfín de emojis, que dar la cara y hacer toda la parafernalia que implica una charla en vivo.  Es más, hasta las llamadas telefónicas se han tornado una molestia para jóvenes y grandes, son consideras intrusivas y un mal innecesario ¿quién llama ahora pudiendo dejar un mensaje o un WhatsApp?, y esto, se debe de nuevo al factor tiempo, no es lo mismo dedicarle unos minutos a platicar por teléfono que postergar la redacción de un mensaje en cuanto haya espacios que lo permitan.

Vivir en una sociedad industrializada está inhibiendo la capacidad innata del ser humano para interactuar con sus iguales.  En México más del 57% de la población usa teléfonos inteligentes, así lo mostraron los resultados del índice de Innovación de la Sociedad (QuISI), en su segunda edición llevada a cabo en el año 2015. Tomando en consideración que ya nos encontramos en 2017, se puede conjeturar que hay más personas utilizando celular y por ende, más usuarios acelerados, de ésos que en vez de vivir los momentos, se dedican a sacar imágenes de la realidad que se les presenta, para verla “más tarde”, o mejor aún; para postearla y recibir comentarios de pocas letras y varios gifs.

Aceptémoslo, todos pertenecemos al homo rapidus, la criatura contemporánea que vive acelerada, pendiente del reloj, los estados ajenos, las fotografías recién subidas, los reblogueos, y las tendencias. Al parecer el futuro alcanzó las ideas de George Orwell, quién menciona en su obra 1994 a la neolengua, (lenguaje que necesita una cantidad nimia de palabras para expresar una idea), basta mandar «OMG o un WTF » para saber que la persona está sorprendida y anonadada con alguna noticia, chisme o meme

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *